Sobre las calles de
nuestra ciudad
Pbro. FÉLIX COMPAIRÉ
Desde 1960 lleva el nombre del presbítero Félix Compairé, una de las
avenidas de circunvalación de 9 de Julio.
Félix Compairé había nacido en Jaca, provincia de Huesca, España, hijo de
Félix Compairé y de Pilar Jarne. Contaba sólo 13 años, cuando ingresó al
Seminario Conciliar de Jaca, donde habría de cursar cuatro años de Latín y
Humanidades, tres de Filosofía y cuatro de Teología. Mas tarde, entre 1891 y
1893 estudió Teología, los años restantes, en el Seminario de Lérida.
Ordenado sacerdote, el 30 de mayo de 1896, pronto le fueron confiadas
importantes tareas ministeriales. Treinta y un días después de consagrado,
fue designado coadjutor de la parroquia de Ruesta, hasta el 24 de octubre de
1897 en que tuvo destino como regente de la de Aciu. Entre febrero de 1898 y
septiembre siguiente, debió ocupar la regencia de Abay.
A fines de 1899, por razones familiares, debió emigrar a la República
Argentina. Por entonces, pasó a residir en la Diócesis de La Plata, donde se
le encomendaron, primero, la tenencia en la parroquia de San Martín, desde
febrero hasta mayo de 1900; luego, en Baradero, hasta febrero de 1901; y,
por último, en Exaltación de la Cruz, como cura vicario, por lapso de tres
años.
El 23 de abril de 1904, el obispo de La Plata, monseñor Juan Nepomuceno
Terrero, le otorgó el título de “Cura Vicario de 9 de Julio”, arribando al
pueblo, al día siguiente de su designación.
En sus funciones tales funciones, debió destacarse por la dedicación y el
celo en el cumplimiento de su ministerio. No descuidaba la asistencia de los
enfermos y los menesterosos, como tampoco la administración y el cuidado de
su parroquia.
Gracias a sus gestiones, se realizaron en el templo parroquial importantes
refacciones edilicias.
Trabajó, denodadamente, con el objeto de instalar un colegio confesional, un
viejo anhelo que, su antecesor, no había alcanzado concretar. En 1910,
después de arduos esfuerzos, logró fundar el Colegio Jesús Sacramentado, su
obra más encumbrada.
Además, preocupado por los avances y el progreso sociales, durante algunos
períodos, se desempeñó como secretario de la Sociedad Española de Socorros
Mutuos de 9 de Julio.
En la madrugada del 17 de marzo de 1913, víctima de una grave enfermedad, el
padre Félix Compairé, falleció en 9 de Julio.
Sus restos descansan en la capilla de la necrópolis local.
RAMÓN N. PORATTI
En diciembre de 1992, el Concejo Deliberante de 9 de Julio, impuso su nombre
a la antigua calle Catamarca.
Ramón Natalio Poratti, había nacido 25 de diciembre de 1880, hijo de Pedro
Poratti y de Felisa Maggi.
Desde muy joven debió desempeñar diversa tareas, desde boyero, en Carlos
Casares; pasando por dependiente de comercios, y hasta empleado de la
sección de vías y obras, del Ferrocarril del Oeste, en la estación Bragado.
Después de trabajar como comerciante en “El Tropezón –donde logró ganarse la
estima y admiración de sus vecinos-, en 1915, se radicó definitivamente en 9
de Julio.
Dedicado a la ganadería, y a la compra y venta de cereales, el 5 de
diciembre de 1920 fundó la acreditada casa de remates feria. Además, en
distintos años, le cupo ser presidente del Club Atlético “9 de Julio”,
miembro de la Sociedad Rural de 9 de Julio, vocal de la Sociedad Italiana
“Conte di Torino”, secretario de la Sociedad Italiana “Amistad y Trabajo”,
fundador y primer presidente del Rotary Club de 9 de Julio, como así también
del “Nueve de Julio Automóvil Club”; benefactor de la Sociedad Protectora de
los Pobres”, del Asilo de Huérfanas “Nuestra Señora de Luján”, del Asilo de
Ancianos “Santo Domingo de Guzmán”, y de las bibliotecas “José Ingenieros” y
“Anastasio Prieto”.
Pero, sin dudas, la historia de 9 de Julio, le recuerda como funcionario
público, y por cuanto contribuyó al engrandecimiento, en sentidos social y
económico, del Partido. Activo militante de la Unión Cívica Radical,
concretó una meritoria carrera política, desempeñando cargos de concejal
municipal, electo –por vez primera- en los comicios del 14 de abril de 1918;
sindico fiscal ante el Juzgado de Paz; y Defensor de Menores, en reemplazo
del talentoso Cayetano de Briganti.
En dos ocasiones ocupó el primer cargo de la intendencia municipal, primero,
desde enero de 1927 hasta diciembre de 1928; y luego, desde mayo de 1940
hasta abril de 1941.
Ramón N. Poratti, falleció en Buenos Aires, el 25 de diciembre de 1942.
Entonces, el periódico “El Porvenir”, afirmó que 9 de Julio, “pierde uno de
sus hijos dilectos, que supiera honrar y enaltecer su desenvolvimiento y
progreso”.
BUENAVENTURA N. VITA
En 1998, el Concejo Deliberante de Nueve de Julio, por solicitud del
Departamento Ejecutivo, impuso el nombre de Buenaventura Noé Vita, a un
pasaje del Barrio Solidaridad 75 viviendas, en toda su extensión, a partir
de la calle Moreno hasta Saavedra, entre las paralelas French y Guido Spano.
Vita, considerado el primer historiador de este Partido, nació el Nueve de
Julio, el 22 de junio de 1884, hijo de Francisco y de Celestina Anunziata
Magnoni.
Sus estudios primarios los cursó, primero, en la Escuela Infantil nº 3; y,
luego, a partir de 1891, en la Escuela Elemental de Varones nº 1, que a la
sazón dirigía el notable maestro Rafael Muzio. Más tarde, pudo graduarse
procurador universitario.
Desde muy joven, militó en las filas de la Unión Cívica Radical, desde donde
pudo proyectarse a la comunidad, principalmente, a través de dos cargos
públicos: concejal municipal y consejero escolar. Tanto así que, alcanzó a
desempeñar la presidencia del Consejo Escolar de Nueve de Julio.
Pero, su pasión por la investigación histórica, a la que dedicó gran parte
de su vida, habría de convertirlo en un modelo de historiador. A su trabajo
infatigable se deben la treintena de capítulos -que analiza el período
1863-1900- los cuales conforman su “Crónica Vecinal de Nueve de Julio”, una
obra –para su tiempo- erudita, reunida en cuatro tomos, de los cuales sólo
uno ha sido editado.
En efecto, fue el primero en escribir una versión historiográfica
sistemática, a partir de fuentes que antes nadie había explorado.
En 1936, el Archivo Histórico provincial organizó el “Primer Concurso de
Monografías sobre la Historia de los pueblos de la Provincia de Buenos
Aires”. Por su parte, Vita, participó del certamen, con su “Crónica
Vecinal...”, período 1863-1870. De suerte que, su estudio resultó premiado,
y publicado, por el organismo organizador, dos años más tarde.
Al “Segundo Concurso de Monografías”, también organizado por el Archivo
Histórico de la provincia, en 1947, presentó lo que, en rigor, es la
“segunda parte” de su obra. Esta vez, aunque obtuvo una mención, y las
recomendaciones para su publicación, aún permanece inédita.
En septiembre de 1950, fue nombrado miembro titular, en el “Primer Congreso
de Historia de los Pueblos”, celebrado en La Plata. Su participación, y la
colaboración brindada al iniciarse la organización, fue meritoria. En la
memoria respectiva, debió publicarse su “Informe sobre los archivos
históricos de 9 de Julio”, donde se destaca, síntesis y precisión, a pesar
de la sencillez del lenguaje.
Fue, además, decidido colaborador del Club Atlético “9 de Julio”, y de la
Sociedad Italiana “Amistad y Trabajo”.
Su vida se extinguió, a las 20 horas, del 20 de junio de 1954.
Tras su muerte, su copioso archivo personal, formado a través de un delicado
trabajo de muchos años, que sirviera en su tarea historiográfica, fue donado
a la comunidad; y, hoy, pueden consultarse en el Archivo y Museo Histórico
“Julio de Vedia”.
NICOLÁS LEVALLE
El nombre de esta arteria, de la planta urbana de Nueve de Julio, recuerda
al teniente general Nicolás Levalle, vinculado –de forma alguna- a estas
tierras, desde la etapa post-fundacional del Partido.
Este militar, expedicionario al desierto, en las luchas de fronteras con el
aborigen, había nacido en Cicagna, Chiavari, de la provincia italiana de
Génova, el 6 de diciembre de 1840. Sus padres, también italianos, fueron
Lorenzo Levalle y Benedicta Daneri.
Contaba con dos años, cuando emigró a la República Argentina, donde –más
tarde-, hacia octubre de 1857, pudo ingresar como aspirante en la Academia
Militar. Así iniciaba una brillante carrera en las armas, que hubo concluido
con el rango más elevado a que puede aspirar un soldado argentino.
Participó en las batallas de Cepeda, en 1859, y Pavón, en 1861; y se destacó
durante la guerra de la Triple Alianza.
De regreso del Paraguay, tomó parte en la campaña de Entre Ríos, contra
Ricardo López Jordán, en 1870.
Inmediatamente después de sofocada la revolución de 1874, fue nombrado jefe
de la frontera Sud de Buenos Aires, con asiento en Bahía Grande, primero, y
en Fuerte Lavalle, luego. Entre noviembre y diciembre de 1876, permanecía en
el Fuerte General Paz, entonces Partido de 9 de Julio. Allí, con alguna
frecuencia, viajaba desde su guarnición, para ofrecer instrucción militar.
En 1879, en ocasión de la -tantas veces referida- expedición militar,
permaneció al mando de la 2da. División, donde avanzó sobre tierra indígena,
alcanzando Trarú Lauquen, y los ríos Salado y Colorado. En torno a esta
época, fundó una importante ciudad bonaerense.
Estuvo ligado, de alguna manera, en los acontecimientos revolucionarios de
1880 y 1890. Además, durante las presidencia de Julio Roca y de Miguel
Juárez Célman, ocupó la titularidad del ministerio de Guerra y Marina.
Fue docente en el Colegio Militar de la Nación, y le cupo la redacción de
importantes estudios sobre temáticas castrenses.
Falleció en 1902. Como poseía el grado 33, en la francmasonería argentina, y
al negarse a renunciar a esos principios, monseñor Mariano Espinosa
–arzobispo de Buenos Aires- prohibió a los capellanes militares, se le
tributaran exequias fúnebres.
JOSÉ IGNACIO GARMENDIA
Por ordenanza del 27 de febrero de 1905, el Concejo Deliberante de 9 de
Julio, impuso al nombre de este militar, quien aún se encontraba con vida, a
una de sus avenidas.
Escritor, pintor, historiador, legislador y coleccionista, además de
guerrero, había nacido en Buenos Aires, el 19 de marzo de 1842, hijo de José
Garmendia y de Manuela Suárez.
Adolescente aún, se encolumnó en el 1er Batallón del Regimiento Iº de Buenos
Aires, debiendo operar en la isla Martín García. A su regreso, recibió el
grado de sub-teniente.
En septiembre de 1861, participó en la Batalla de Pavón; y, tres años más
tarde, en mérito de sus notables condiciones intelectuales, fue destacado
como oficial de la Legación Argentina en Montevideo y Río de Janeiro.
En 1865, al estallar la Guerra de la Triple Alianza, marchó al campo de
batalla, donde habría de contraer cólera.
Después de concluir la actividad legislativa –pues había sido electo
diputado nacional, hacia 1870- fue nombrado jefe del Estado Mayor del
Ejército del Sud.
En 1875, el ministro de Guerra, le confirió la jefatura de las Fuerzas de
Reserva, a la sazón con asiento en el Partido de 9 de Julio.
Al concretarse el estallido de 1880, debió solicitar su baja del ejército,
para unirse a las fuerzas de Carlos Tejedor.
Reincorporado, en 1882, desempeñó importantes cargos militares, participando
en la Campaña del Chaco. Además, en 1890, le fue confiada la dirección del
Colegio Militar de la Nación.
Después de sofocada la revolución radical de 1890, se le graduó general;
efectividad del cargo que mantuvo activa hasta septiembre de 1904, en que
solicitó la baja.
En el retiro de su hogar, dedicó parte de su tiempo a la pintura, la
investigación y el estudio. Por otra parte, también había formado una
importante colección de objetos y documentos históricos, relacionados con el
pasado militar.
Excelente narrador y erudito cronista, sus trabajos son invalorable
bibliografía, no solo por la calidad de su texto, sino –también- por los
recursos que emplea. Escribió importantes obras –algunas publicadas en
prensa, otras editadas en libros, y varias inéditas-, entre las que pueden
mencionarse: “Recuerdos de la Guerra del Paraguay”, “Preceptos tácticos”,
“Cartera de un soldado”, “Delitos y penas”, “Correspondencia sobre la Guerra
del Paraguay”, “Asaltos de Plewna”, “Campaña de Humaytá”, “Cuentos de
Tropa”, “Campañas de Aníbal”, “Escritos Militares”, “Juicio Crítico de la
Guerra de Transvaal”, “Bocetos sobre la marcha”, “Combates de los Corrales”,
“Campaña de Corrientes y Río Grande”, “Maniobras sobre el Talar de Pacheco”.
Falleció en la Capital Federal, el 10 de junio de 1925.
TOMÁS D. WEST
El nombre de Tomás D. West, no solo está ligado a una de las calles de la
ciudad de Nueve de Julio, sino también a una relevante parte de nuestra
Historia.
Tomás Domingo West, nació en Lobos, provincia de Buenos Aires, el 15 de
septiembre de 1856, hijo de Tomás West, de origen inglés, y de Juana
Martínez.
Graduado en Medicina en la Universidad de Buenos Aires, se radicó en 9 de
Julio, alrededor de febrero de 1885, para ejercer su profesión.
Tan pronto como llegó a la promisoria comunidad, abrazó con singular interés
las cuestiones públicas, militando en las filas políticas.
Después de promulgada la nueva ley orgánica de las municipalidades, con la
que se organizaban los departamentos ejecutivo y deliberativo, en las
elecciones del 10 de junio de 1886, fue electo concejal. Designado
presidente del Concejo Deliberativo, debió asumir interinamente las
funciones ejecutivas, el 1 de agosto de ese año. Así se convirtió en el
primer intendente municipal... La Municipalidad de 9 de Julio, volverá a
contarlo como su titular, en otros períodos.
Como médico, junto a otros facultativos radicados en el pueblo, le tocó
hacer frente a las epidemias de cólera y viruela, entre 1886 y 1887; así
como hacer frente a otras cuestiones inherentes a la salubridad pública.
Desde sus inicios, apoyó activamente la gestación de la Sociedad Protectora
de los Pobres, y la construcción de su hospital. Tanto así que, por lapso de
tres décadas, ejerció la dirección honoraria del nosocomio, de manera
siempre altruista.
Colaboró en el desarrollo institucional de distintas asociaciones locales,
de diversa finalidad. Asimismo perteneció a la Logia “Igualdad”, del Valle
de 9 de Julio.
En dos ocasiones, ocupó una banca de diputado, en la legislatura provincial.
Primero, desde julio de 1891 hasta abril siguiente; luego, entre enero y
agosto de 1893.
En diversas ocasiones, del mismo modo, fue electo consejero del Consejo
Escolar de 9 de Julio. Organismo, este, donde le cupo ejercer –también- la
presidencia.
En 1927 se radicó en La Plata, donde falleció el 7 de diciembre de 1936. Más
tarde, sus restos fueron trasladados a la necrópolis local, donde aún
descasan.
Indudablemente, la carrera de vida, la trayectoria, de Tomás West, hacen de
su figura, una de las más ricas, en las primeras seis décadas de la
fundación de 9 de Julio.
ELIAS CABRERIZO
El 29 de octubre de 1989, el Concejo Deliberante de 9 de Julio sancionaba
una ordenanza autorizando se imponga el nombre de “Maestro Elías Cabrerizo”,
a una calle comprendida entre Antártida Argentina y Manuel Viegas.
Cabrerizo había nacido Vizcaya, España, el 17 de abril de 1881. En su tierra
natal debió ser pastor de ovejas, aunque le fue posible realizar algunos
estudios, sin llegar a graduarse en la docencia.
A principios del siglo XX emigró a la Argentina. De hecho, para 1912 ya se
encontraba radicado en 9 de Julio, y había instalado su primer escuela, en
un antiguo edificio de Salta entre Corrientes y Santa Fe.
Hacia agosto del año siguiente, este establecimiento contaba con 42
educandos, 28 varones y 14 mujeres. Ejercía como preceptora su esposa, en
primeras nupcias, Marciana Gómez.
En octubre de 1914, trasladó su escuela a otra finca de la calle Santa Fe.
Allí, donde había instalado su vivienda, la huerta y el jardín, tenía a su
cuidado, además de sus muchos hijos, varios alumnos pupilos.
Los aranceles que cobraba eran relativamente bajos, lo que permitía que los
alumnos pudieran cursar los estudios con más facilidad. Algunos, accedían a
una especia de beca, que hacía que pagaran una cuota más reducida. Más aún,
muchas veces a aquellos que no poseían recursos optaba por no cobrarles.
Más tarde, la escuela debió pasar por otros domicilios, incorporando a su
programa de estudios nuevos emprendimientos, tales como el curso de Tenedor
de Libros, adscrito a la Academia Fossa.
El maestro Elías Cabrerizo, según quienes compartieron su trato, recuerdan
que “fue una figura que hizo todo por su propio esfuerzo, humilde, y a pesar
de su severidad extrema, fue una contribución cultural para la comunidad de
9 de Julio”.
La fisonomía del maestro fue descripta por sus alumnos como la de un hombre
“calvo, de baja estatura, excedido de peso, gran conversador, gran
observados, sobrio. Le gustaban las fiestas, el pan alemán, la panceta, los
picantes, el vino blanco y el mate amargo... Le gustaba jugar al chin-chon y
en su casa se reunían amigos y vecinos a jugar y charlar. Fumaba en pipa y
también cigarros de hoja”, que el mismo cultivaba en su huerta. Tenía una
profunda fe cristiana que supo inculcar a sus discípulos, a través de tantos
años frente al aula.
Entrado en años, afectado por una aguda sordera, ya retirado de la docencia
continuó viviendo en 9 de Julio. Recibía la cercanía de sus muchos alumnos y
amigos.
A pesar de los servicios que pudo prestar a la comunidad y a la patria que
recibió como propia, jamás pudo jubilarse dignamente. Su retiro transcurrió
en la mayor austeridad, cobrando algunas acciones de la Usina Eléctrica
Popular y, para algunos, recibiendo una pequeña pensión.... Tanto así que,
para tener material de lectura, ya en la ancianidad, debía acudir a un ex
alumno para que le facilitara el periódico del día anterior.
Elías Cabrerizo dejó de existir en 9 de Julio, el 29 de noviembre de 1965.
Sus restos descansan en la necrópolis local.
TOMÁS J. GARBISO
El 8 de septiembre de 1989, el Concejo Deliberante de 9 de Julio sancionaba
la ordenanza que lleva el número 2671. Por medio de esta, imponía el nombre
de “Tomás J. Garbiso” a una calle comprendida entre Río Negro (hoy Cardenal
Pironio) y Alsina, y Doctor Tomás West y Avenida Primera Junta.
Tomás J. Garbiso, había nacido en Navarra, España, el 12 de diciembre de
1862, hijo de Pedro José Garbiso y de Petrona Arocena.
Emigró a la República Argentina en 1883, radicándose en Chivilcoy, donde se
hubo empleado como peón en un tambo. Dos años más tarde, después de haber
adquirido animales de su propiedad, comenzó a vender leche por cuenta
propia, trabajando independientemente por lapso de catorce años.
Alrededor de 1897 compró varias hectáreas de campo, en el cuartel cuarto del
Partido de 9 de Julio, para fundar “Dos de Mayo”. Una estancia que dedicó a
la ganadería.
Hacia 1925 había logrado concretar un establecimiento modelo. Unas dos mil
hectáreas, divididas en 50 potreros, pobladas por cerca de 7000 animales
vacunos, 200 yegüarizos, que garantizaban un producción anual de más de dos
mil terneros. Los doce tambos permitan la obtención de seis mil litros de
leche diaria, que era empleada para la fabricación de productos lácteos, los
cuales –para entonces- habría permitido que Garbiso obtuviera importantes
premios.
Desde entonces, hasta su fallecimiento, se afincó en 9 de Julio, arraigando
un hogar que formó junto a Juliana Grigarce.
Participó activamente en la vida comercial, social e institucional de este
medio. Prestó impulso a diversas obras comunales, e integró buena cantidad
de asociaciones, muchas de las cuales conocieron de su filantropía.
La Sociedad Española de Socorros Mutuos fue una de las tantas entidades que
le contó como decidido colaborador. Allí se le distinguió como socio
honorario, el 11 de febrero de 1940.
Por otro lado, asimismo, fue uno de los impulsores del movimiento popular
que dio origen a la Usina Eléctrica Popular S.A., hoy Cooperativa Eléctrica
y de Servicio “Mariano Moreno”. No sólo integró su primer directorio, en
1930 -acompañando los ideales de Tomás Cosentino- sino que fue –del mimo-
uno de los principales referentes.
A lo largo de las dos décadas que insumió la instalación de una usina
eléctrica popular, Garbiso trabajó denodadamente, brindado buena parte de
sus horas a tan arduo esfuerzo. De hecho, de su propio peculio fue costeado
el monolito que hoy recuerda la colocación de la piedra fundamental, en el
predio que ocupa hoy esa institución educativa.
Cuando, en 1951, era inaugurado el servicio público eléctrico, prestado por
la Usina Eléctrica Popular, Tomás Garbiso, ya anciano, se hallaba presente.
Fue, sin dudas, quien más conoció del esfuerzo, del trabajo y de la lucha
que demandó aquella loable concreción.
NICOLÁS GRANADA
El Concejo Deliberante de 9 de Julio, hacia julio de 1900, impuso el nombre
de este militar, a una de las avenidas de la ciudad.
El coronel Nicolás Granada, expedicionario al Desierto, en las luchas de
frontera con el aborigen, había nacido en Montevideo, el 6 de diciembre de
1795.
Siendo niño aún, fue enviado a España, para recibir educación en el –por
entonces- renombrado Colegio Real de San Fernando. Allí se alistó como
cadete en el Regimiento de Voluntario de Madrid, con cuya fuerza participó
de la defensa de Montevideo, durante las Invasiones Inglesas... En esa
contienda fue gravemente herido, siendo salvado, en el campo de batalla, por
su padrino el coronel mayor Nicolás de Vedia.
Siendo subteniente de aquel regimiento, fue hecho prisionero por las fuerzas
libertadoras comandadas por Alvear, que ocuparon Montevideo en 26 de junio
de 1814. Primero, fue enviado a Córdoba, luego a Chascomús y, por fin, juró
obediencia a la Patria, en 1816. El 3 de noviembre de 1817, se le dio de
alta en el Regimiento de Granaderos de Infantería, con el mismo grado que
revistaba en el ejército español.
Más tarde, participó en las acciones de Saucecito, Cepeda y Cañada de la
Cruz.
El 17 de agosto de 1820, fue incorporado en el Escuadrón de Colorados, a las
ordenes del coronel Videla. Por entonces, con el gobernador Martín
Rodríguez, debió participar de una expedición al desierto.
Formaba parte del Regimiento de Húsares de Buenos Aires, ya en septiembre de
1823. Poco menos de cuatro años más tarde, poseía el rango de sargento
mayor.
En 1839, contribuyó a sofocar la revolución de los Libres del Sud,
encabezada por Castelli, contra Rosas; y, un año más tarde, realizó la
denominada campaña de Tapalque.
Cuando Urquiza preparaba el desenlace de Caseros, Granada, rechazó su
ofrecimiento de volverse contra Rosas.
En 1865, en reemplazo del coronel Julio de Vedia, fue designado jefe de la
Frontera Oeste, con asiente en la Comandancia de Nueve de Julio. A partir de
aquí, le cupo participar no sólo de la actividad propiamente castrense, sino
también, de la organización civil del incipiente pueblo. A mediados de
diciembre de 1868, fue relevado de ese cargo, y remplazado accidentalmente
por el coronel graduado Antonio López Osornio.
El coronel Nicolás Granada, falleció en San Isidro, el 6 de mayo de 1871,
víctima de la epidemia de fiebre amarilla.
HILARIO LAGOS
Por ordenanza del 27 de febrero de 1905, esta arteria urbana recibe el
nombre del coronel Hilario Lagos, quien fuera jefe de fronteras, con asiento
en el Fuerte “General Páz”, entonces partido de Nueve de Julio.
Hijo del destacado guerrero Hilario Lagos y de Toribia de la Fuente, había
nacido en Pergamino, el 7 de noviembre de 1840.
Ya en 1856, se encontraban revistando en el ejército de la Confederación,
con el grado de sargento distinguido.
En 1859, se destacó en la campaña de Mendoza y San Juan, y participó en la
de Cepeda. Además, era escolta del presidente Santiago Derqui.
En noviembre de 1861, también se halló en la batalla de Pavón, conformando
la división del general José María Francia... Un año más tarde, era ayudante
de Paunero, y recorría –en campaña- Córdoba, San Luis y Mendoza.
Concluida la Guerra de la Triple Alianza, en la cual también debió actuar,
fue destinado al servicio de frontera. Guarneció, como jefe de la frontera,
resiento en el Fuerte “General Paz” y manteniendo –en este sentido- estrecha
vinculación con Nueve de Julio.
En 1874, manteniéndose leal a las fuerzas del gobierno, asistió a la
sofocación de la revolución mitrista.
En 1879, a las ordenes de Roca, realizó la ocupación definitiva de las
tierras aborígenes.
Participó en los sucesos revolucionarios de 1880, en Flores y Los Corrales.
Ese año, solicitó la baja del ejército, para ocupar una banca de diputado
nacional, por Buenos Aires.
Reincorporado a las fuerzas armadas, en 1883, fue inspector de fronteras, en
Salta y Jujuy. Asimismo, estuvo vinculado a la dirección del Colegio Militar
de la Nación.
El coronel Lagos, se había iniciado en la francmasonería, en la Logia
Tolerancia nº 4, en abril de 1872.
Falleció en Buenos Aires, en noviembre de 1895, con el grado de coronel.
ANTONIO AITA
A la antigua avenida Río Bermejo, le fue impuesto el nombre de este
destacado periodista y legislador de Nueve de Julio.
Antonio Aita, había nacido en Nueve de Julio, el 12 de enero de 1911, hijo
de Antonio Aita y Rosa Rosito.
Aún era niño cuando, en diciembre de 1921, se integró al personal de “El 9
de Julio”, medio de prensa que, con el devenir del tiempo, hubo de liderar
por más de seis décadas.
Estudió en la Escuela Sudamericana de Buenos Aires, donde obtuvo el título
de periodista, el 1 de septiembre de 1930. Cinco años más tarde, adquiría la
imprenta, junto a su hermano Alberto, y se convertía en administrador de “El
9 de Julio”.
En 1943, se hizo cargo de la dirección, sucediendo al poeta y escritor Juan
Farias. Desde entonces, le impuso al todavía periódico, un estilo propio...
Un periodismo de infatigable lucha, donde se defendían los más elevados
ideales del bien común.
Participó en la fundación de varias instituciones locales, como el Club y
Biblioteca “Agustín Álvarez”, la Liga Nuevejuliense de Fútbol y la
Asociación de Bomberos Voluntarios. Además, integró el Círculo de
Periodistas, junto con otros eminentes cronistas, que daría vida a varios
encuentros culturales.
En años difíciles para la libertad de expresión, con valor y templanza, no
acalló su voz. Luchador constante, y auténtico defensor de los derechos de
sus semejantes, no detuvo su infatigable dinamismo cotidiano.
Entre abril de 1952 y abril de 1955, ocupó una banca de diputado en la
legislatura provincial. Sus provechosas gestiones, hicieron posible la
construcción de un acceso a 9 de Julio, del camino General Villegas-Mar del
Plata, del edificio de la delegación Dudignac, del Banco de la Provincia de
Buenos Aires, entre muchos otros emprendimientos.
El 22 de diciembre de 1989, el H.C.D., le nombro “Ciudadano Ilustre de Nueve
de Julio”, siendo el primero en ostentar ese honor.
Antonio Aita falleció en Nueve de Julio, el 18 de septiembre de 1995.
Tras su deceso, se le tributaron distintas honras a su memorias... En la
actualidad, no sólo esta importante avenida lleva su nombre; también, una
biblioteca popular, un salón de clases, un salón de actos, la sala de
estudios del C.U.N., y una fundación cultural.
CORONEL FREYRE
Esta calle, de la planta urbana de nuestra ciudad, evoca al coronel
Marcelino Freyre, expedicionario al desierto y protagonista de la historia
de 9 de Julio.
Había nacido en Rosario de Rosario de Santa Fe, el 13 de noviembre de 1 846,
hijo del coronel Marcelino Freyre Rodríguez del Fresno y de María Salomé
Maciel de la Quintana.
Se inició en la carrera de armas en el Batallón Santafecino, en junio de
1865, cuando estalló la guerra del Paraguay. Asistió a la batalla del Yatay
y a la toma de Uruguayana, pero por haberse enfermado en el mes de octubre
del mismo año regresó a su ciudad natal.
En diciembre de 1866 fue incorporado al ejército del interior que estaba
organizando el general Paunero. Pues, su enfermedad le impedía retornar a
Paraguay.
Participó en diferentes hechos de armas, librados en varios sectores del
país. Tanto se destacó que, para septiembre de 1868, ya ostentaba el rango
de capitán.
Un año más tarde permaneció a las ordenes del comandante Julio Roca, en la
provincia de Tucumán. El 26 de agosto del mismo año ascendió a sargento
mayor graduado, regresando a Tucumán, de donde su regimiento marchó para
Córdoba, por haber sofocado definitivamente la subversión en las provincias
del Norte.
Luego de participar en la lucha contra el caudillo Ricardo López Jordán, y
de permanecer apostado en Córdoba, a principios de 1872 fue enviado a la
frontera bonaerense. En marzo de aquel año fue designado segundo jefe del 7º
Regimiento de Línea, su cuerpo, que permanecía guarnecido en la Fuerte
“General Paz”, entonces Partido de 9 de Julio.
Por aquella época, la todavía insipiente sociedad nuevejuliense, conocía la
figura de este militar.
En enero del año siguiente, después de recibir el ascenso a teniente
coronel, debió participar en la sofocación de la segunda rebelión de López
Jordán. De regreso a Buenos Aires, se halló en la batalla de La Verde. Esta
vez, incorporado al ejercito del coronel Arias, luchó contra los
revolucionarios.
Concluida esta campaña, el teniente coronel Freyre retornó al Fuerte
“General Paz", donde permaneció entre 1875 y 1976. Desde el 18 de Marzo de
1876, poco antes de ser nombrado comandante en jefe de la 1ª Línea de la
Frontera Oeste, y por espacio de un par de años, realizó varias operaciones
ofensivas sobre las comunidades aborígenes cercadas a Pichi-Mahuida, Lihué-Calel,
Caichué, Trolfán, y Chadí Leuvú.
El 24 de mayo de 1976, el teniente coronel Marcelino Freyre fundó la hoy
ciudad de Guaminí, en el margen sudoeste de la laguna del Monte.
El 14 de junio de 1879, la legislatura nacional había prestado acuerdo para
otorgarle el grado de coronel. Pero doce día mas tarde, el militar dejó de
existir.
Al morir, ocupara el cargo de Primer Vigilante, en la Logia Masónica “Luz
del Desierto”, nº 60, en Guaminí, de la cual había sido fundador. Freyre se
había iniciado en la masonería, el 29 de mayo de 1878.
CARDENAL EDUARDO PIRONIO
La antigua avenida Río Negro, una de las principales arterias de nuestra
ciudad, ostenta el nombre de este hijo dilecto de 9 de Julio.
Eduardo Francisco Pironio, había nacido en 9 de Julio, el 3 de diciembre de
1920, hijo de José Pironio y de Enriqueta Buttazzoni. Recibió el sacramento
del Bautismo en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, de 9 de Julio, el 3
de febrero de 1921, por ministerio del presbítero Alejandro Borghi, cura
párroco encargado. Fueron sus padrinos, Pedro y Luisa Teresa Pironio.
Los estudios primarios, los cursó en el Colegio Cavallari; hasta que,
respondiendo al llamado vocacional, ingresó en el Seminario de La Plata.
Aquí estudió humanidades, filosofía y teología.
El 5 de diciembre de 1943, fue ordenado sacerdote, en la Basílica de Luján;
y, cuatro días más tarde, ya oficiaba su primera misa, en la parroquia de 9
de Julio.
Sus estudios los completó en Roma, en el Pontificio Ateneo "Angelicum".
Allí, en 1954, obtuvo la licenciatura en Teología.
En la diócesis de Mercedes, sirvió a su obispo en las cátedras del Seminario
Pío XII, y en otras muchas tareas. Luego, se le designó provisor y vicario
general de la diócesis, consultor diocesano, director del Boletín
Eclesiástico, asesor de Acción Católica, y vicario cooperador en Las Heras,
formando parte de la familia pontificia con el título de Prelado Doméstico
de Su Santidad.
En 1961, era director y profesor del Instituto de Teología de la Universidad
Católica Argentina. Poco después, se le confió la rectoría del Seminario
Metropolitano de Buenos Aires.
El 31 de mayo de 1964, fue consagrado obispo; para servir, primero, como
auxiliar de La Plata, desde la diócesis titular de Ceciri. En abril 1972,
fue nombrado obispo de Mar del Plata. Después de pasar, en momentos
decisivos, por la diócesis de Avellaneda, como administrador apostólico.
Presidió el CELAM y participó de los encuentros en los encuentros más
importantes para la Iglesia latinoamericana del pos concilio.
El 20 de septiembre de 1975, el papa Paulo VI, lo designó Pro-Prefecto de la
Sagrada Congregación de Religiosos e Institutos Seculares. Así, pasó a
integrar la Curia Romana, como arzobispo titular de Tiges. A partir de
entonces, se distinguirá en diferentes cargos, ocupados en varios
dicasterios.
Fue creado cardenal, el 24 de mayo de 1976, con el título de los Santos
Cosme y Damián. Desde abril de 1984 hasta agosto de 1996, presidió el
Consejo Pontificio para los Laicos.
En 1995, por citar, integraba el Consejo de la II Sección de la Secretaría
de Estado; y era miembro de las Congregaciones para las Causas de los
Santos, para las Iglesias Orientales, para los Obispos, para la Educación
Católica y para la Evangelización de los Pueblos; y consejero de la Comisión
Pontificia para la interpretación de los Textos Legislativos.
Poco después, el papa Juan Pablo II lo promovió al orden cardenalicio de los
obispos, confiándole la diócesis suburbicaria de Sabina Poggio Mirteto.
El cardenal Pironio, falleció en Roma en febrero de 1998. Sus restos
descansan en la Basílica de Luján.
MARIANO SAAVEDRA
Paralela a Luis Braile y Miguel Vaschetti, en nuestra ciudad, existe una
arteria que recuerda a Mariano Eusebio Saavedra, quien fuera legislador y
gobernador de Buenos Aires.
Había nacido en el Fuerte de Buenos Aires, el 15 de agosto de 1810, el sexto
hijo de las segundas nupcias del brigadier Cornelio Saavedra con Saturnina
Bárbara de Otalora y del Rivero. Horas más tarde, recibió las aguas del
Bautismo, en el templo de la Merced, de manos del presbítero Manuel Alberti,
y apadrinado por Manuel Larrea.
Por lapso de más de un lustro, su familia debió permanecer exiliada fuera de
Buenos Aires, hasta después de 1816. De regreso, junto a sus padres, Mariano
Saavedra, se afincó en Rincón de Cabrera, hoy Zárate, donde su madre poseía
una estancia.
Un año después de la muerte de su padre, cuando contaba 19 años, volvió a la
ciudad de Buenos Aires, a raíz de una epidemia que asolaba por entonces a la
provincia.
En el segundo semestre de 1832, contrajo enlace con Carmen Zavaleta (nacida
el 11 de junio de 1816); matrimonio del que nacieron: Adolfo Rómulo, el 19
de noviembre de 1833; Carmen Emiliana, el 12 de enero de 1835; Carlos, el 28
de febrero de 1839; Cornelio Ernesto, el 16 de julio de 1840; Mariano
Abraham, el 9 de octubre de 1842; Adolfo Pedro, el 18 de febrero de 1845;
Celina Paulina, el 6 de octubre de 1852; y Zulema María Antonia, el 25 de
abril de 1857.
Había logrado sostener un emprendedor saladero, en Rincón de Cabrera pero,
con el advenimiento del gobierno de Rosas, volver al exilio, esta vez en
Montevideo. Después de la batalla de Monte Caseros, regresó al país para
dedicarse a actividades empresariales.
Además, ocupó cargos relevantes en la municipalidad de Buenos Aires, después
de su creación, en 1856. De hecho, fue municipal por la parroquia del Pilar.
Más tarde, le cupo ser convencional constituyente, diputado y senador. Como
así también, director y presidente del Banco de la Provincia de Buenos
Aires.
En octubre de 1862, fue elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires,
en reemplazo del general Mitre, quien asumía la primera magistratura del
Estado argentino. Volvió a ser electo, en esas funciones, en marzo de 1863,
para permanecer poco más de un trienio. Durante ese período, debió firmar,
el 12 de febrero de 1864 y el 2 de agosto del año siguiente, los decretos de
creación del pueblo de Nueve de Julio, y reglamentario de la ley de creación
de diez nuevos partidos –entre ellos, el nuestro-, respectivamente.
Cómo gobernador realizó una prolija gestión, que dio como origen importantes
emprendimientos, entre ellos, la prolongación de líneas férreas, la
organización de la dirección del ferrocarril, el establecimiento de nuevos
juzgados de campaña, la fundación y creación de varios pueblos y partidos, y
la instalación de nuevas sucursales del banco provincial.
Mariano Saavedra falleció en Buenos Aires, el 9 de febrero de 1883. Sus
exequias, por expresa voluntad suya, consistieron en una Misa, y en un
funeral sólo acompañado por sus hijos y nietos. Del mismo modo, había pedido
a sus hijos que “cuando las ordenanzas municipales lo permitan, exhumen el
cadáver de su virtuosa madre y el mío y [los] encierren en un solo ataúd”,
para que “los que tanto se amaron en la vida, duerman juntos el sueño
eterno”.
TENIENTE CORONEL ESTANISLAO HEREDIA
El 27 de diciembre de 1963, el Concejo Deliberante de Nueve de Julio
sancionó una ordenanza designado “con el nombre de Teniente Coronel
Estanislao Heredia, la calle de la ciudad de Nueve de Julio, que corre
paralela a la Ricardo Gutiérrez hacia el lado oeste”. El proyecto había sido
presentado por el bloque de ediles de la Unión Conservadora, a fines de
octubre del mismo año; habiendo recibido el pedido de aprobación, por parte
de las comisiones de Vialidad y Obras Públicas y de Presupuesto y Hacienda,
el 10 de diciembre.
Estanislao Heredia había nacido en Catamarca, en 1834. El 1 de mayo de 1857,
se había alistado al ejército, con el grado de alférez segundo, incorporado
a la primer compañía del segundo escuadrón del Regimiento nº 5 “Granaderos a
Caballo”, en Azul.
Se encontraba con su cuerpo es Sauce Grande, cuando fue graduado teniente,
el 24 de julio de 1858. En febrero de ese año, había participado del
enfrentamiento en Pigüe, contra los aborígenes de Calfucurá; y en marzo del
año siguiente, lo hizo nuevamente, en Bahía Blanca, a las órdenes del
coronel Granada.
Poco después de obtener el rango de teniente segundo, alcanzó una baja
temporaria del servicio. Al reincorporarse, en diciembre de 1859, se agregó
a la primera compañía del regimiento 3ª de Caballería, otra vez en Campo de
Marte (Azul).
Después de participar en la batalla de Pavón, y de permanecer en diferentes
puntos de frontera en la provincia, acompañó al coronel Julio de Vedia en la
expedición a los Ranqueles.
Al estallar la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, se incorporó
en el segundo cuerpo del ejército, a las órdenes del general Emilio Mitre.
Debió participar de la toma de la batería de Itapirú, y en los encuentros de
Estero Bellaco, Tuyutí, Curupaytí, Tuyú-Cué, entre otros.
En 1868, debió trasladarse a Corrientes, para sofocar la rebelión del
general Nicanor Cáceres. En febrero del año siguiente, por pedido del
coronel Vidal, se le confirió la efectividad en el grado de sargento mayor.
El 26 de mayo de 1871 fue designado jefe del regimiento 5º de Caballería de
Línea, con asiento en el Fuerte “General Paz”, entonces partido de Nueve de
Julio. Tres días más tarde, le fueron otorgados los despachos de teniente
coronel graduado.
El 27 de junio de 1872, en un encuentro con los indígenas, de cuyos hechos
existen varias versiones, el teniente coronel Heredia, junto con algunos
soldados de su regimiento, perdió la vida.
Heredia había contraído matrimonio con Mercedes Cari. Tras su muerte, el 30
de junio de 1873, ella percibió una pensión por la mitad del suelo del
empleo de su esposo. Pero, en realidad, según el coronel Julio Olivencia
Fernández, la viuda y los dos huérfanos, debieron vivir “de la caridad de
sus parientes, hasta que en los primeros albores de la vida, consumidos por
la terrible tuberculosis, adquirida quizá en la pobreza y abandono,
marcharon a otro mejor mundo”. La esposa del malogrado militar, continúa
Olivencia Fernández, habría muerto “de mísera consunción”.
Los restos de los militares, muertos en esa lucha, fueron sepultados en el
pueblo de Nueve de Julio. Según Jacinto R. Yaben, los restos de Heredia
habría recibido “piadosa sepultura”, en la ciudad de Buenos Aires, el 17 de
julio de aquel año. Sin embargo, otras obras citan que sus restos
descansaría en la Pirámide que existe cercana al peristilo de la necrópolis
de Nueve de Julio.
Lo cierto es que ese sepulcro, por decreto nº 89, del Poder Ejecutivo
Nacional, en julio de 1982, fue declarado “Monumento Histórico”.
ENRIQUE P. CANO
En la ciudad de 9 de Julio, existe una arteria que recuerda, con sus
nombres, a los hermanos Enrique y Arturo Cano, dos figuras significativas
para el desarrollo cultural, intelectual y periodístico, en 9 de Julio.
Precisamente, esos nombre le fueron impuestos a la calle, un año después de
los decesos de ambos, ocurridos en 1970.
Enrique Patricio Cano, nació en 1893, en Luján. Era hijo de Alejandro Cano y
de Teófila Cuello.
Junto a sus padres, siendo todavía un niño, se afincó en la estancia "La
Casualidad", en la localidad de La Niña, en el partido de 9 de Julio.
Ingresó en la Escuela de Mecánica del Ejército, pero, al redescubrir su
vocación a la enseñanza, pasó a la Escuela Normal de Maestros, donde pudo
graduarse con brillantes calificaciones.
Alrededor de 1922, le fue confiada la dirección de la Escuela nº 4, de 9 de
Julio. Aquí puso en práctica su talento y la profesionalidad característica.
Docente progresista, lo era en todo. Dotó a la escuela de los principales
adelantos técnicos; e incorporó al programa institucional otras áreas de
importancia, de modo extraescolar. De Alemania importó los últimos adelantos
en cuanto a materiales didácticos de uso en el laboratorio, gracias al
aporte de su comisión cooperadora.
Entre mucho, acercaba a los alumnos a la lectura de los grandes pensadores y
filósofos. Tanto así que, por inspiración suya un club deportivo recibió el
nombre de "Agustín Álvarez".
Por entonces, también dictaba clases en la escuela nocturna para adultos.
Las complejas, como ponzoñosas, cuestiones que se tejieron, en la década de
1920, en el seno de la Unión Cívica Radical, el profesor Cano debió hacer
frente a fuertes presiones. Estas terminaron por exigirle un traslado, en
calidad de relevo, a una escuela rural del partido de General Pueyrredón, en
la provincia de Buenos Aires, que rehusó.
A raíz de su alejamiento de la docencia, fundó el periódico "El Gráfico", en
abril de 1928. Este bisemanario, que pudo hacer escuela en el periodismo de
9 de Julio, era impreso en las instalaciones propias, ubicadas en la esquina
de Mitre y San Juan, donde funcionaba también la redacción. Así, alejado en
parte de la tarea educacionista, abrazó el periodismo.
Pronto se unió a las filas del Partido Socialista, constituyéndose uno de
los referentes mas importantes en nuestro medio. Tal es así que pudo ser
candidato a algunos cargos importantes, en diversos períodos.
No sólo colaboró activamente en la fundación del Club "Agustín Álvarez",
también lo hizo cuando comenzó formarse la biblioteca de la institución.
Donó los primeros libros, una edición de las obras completas del patrono del
Club, una enciclopedia y otros títulos menores.
También el en periodismo, a raíz de su postura netamente esclarecedora,
debió soportar persecuciones.
Como docente, además, durante largo tiempo dictó cátedras en el Colegio
Cavallari y, luego, en la Escuela Nacional de Comercio.
A lo largo de su vida, asimismo, integró las filas del Círculo de
Periodistas de 9 de Julio, y la Asociación de Maestros; participando en la
fundación de la Federación Cultural de esta ciudad y presidiendo la
Biblioteca Popular "José Ingenieros".
Enrique Cano falleció en La Plata, el 4 de agosto de 1970.
ARTURO A. CANO
Arturo Arsenio Cano, hermano de Enrique, nació en el partido de 9 de Julio,
en 1898.
A los 14 años, por causa de la viruela perdió la visión. Aún así la ceguera
tan temprana, no le impidió adquirir una formación, llena de sapiencia.
Periodista culto, su prosa era amena, y manejaba un acabado discurso. En
1928, cuando su hermano fundó “El Gráfico”, le confió un puesto clave: la
secretaría de redacción.
Un secretario solía tomar dictado de sus notas. Su hermano Enrique, director
del periódico, nunca daba a luz un escrito de relieve sin antes
consultárselo.
Era extremadamente bondadoso, no con a la manera de la lisonja superficial.
Por el contrario, su bondad era honda. En su casa de Catamarca (hoy Ramón N.
Poratti) 262, entre Robbio y Mendoza, se integraban numerosas tertulias y
pláticas amistosas. En torno "al mate" o "al asado", se debatían
interesantes temas de actualidad. Muchos jóvenes de entonces oían las
palabras de aquel maestro que, aunque privado del órgano visual, podía ver
muy lejos.
Hacia enero de 1944, después de ser clausurado "El Grafico", los hermanos
Cano fundaron "El Artesano". Esta vez, la dirección estaba a cargo de
Arturo... No debió transcurrir mucho tiempo, para que este fuera también
cerrado.
Durante varios años, ocupó el cargo de bibliotecario en la Biblioteca
Popular que dependía del Club y Biblioteca “Agustín Alvarez”. Allí era
frecuente verlo leyendo sus libros en alfabeto Braile. Aún se conservan
algunos de sus libros, tal como el Evangelio de Lucas (The Gospel of St.
Lucke), editado por la The British and Foreign Bible Society.
Admiraba el buen arte. Solía ejecutar el piano con cierta maestría.
Arturo Cano, falleció en La Plata, el 3 de julio de 1970. Un año más tarde
su nombre le fue impuesto a la Biblioteca Popular que hubiera dirigido.
Roberto B. Tarantino, periodista de “El Gráfico”, y uno de aquellos jóvenes
que compartían las reuniones en “la casa de los Cano” (o “El Rancho Grande”)
en un poema que tituló "Muerte del hombre árbol", lo describió afirmando,
entre otros versos:
“En la excelsa grandeza de su mundo,/de su mundo de horizonte ilimitado, /
proyectándose augusto/ en la claridad de su visión profunda,/ vivió/ como
vive el árbol, /como ‘hombre-árbol’, / enraizadas sus bases en la tierra,
jardín de las flores de su esencia”.
“Sacudidas sus ramas/ no pudieron tempestades/ doblegar su enhiesto tronco,/
manteniéndose erguido/ hasta la sentencia inapelable/ de la ley inclemente
de Natura”.
“Murió/ dejando en derredor,/ como el árbol deshojado del invierno,/
tristeza,/ desolación,/vacío”.
También, Eduardo N. De Risio, quien bien le conoció, cierta vez afirmó que
"lo amábamos porque era demasiado humano y generoso, optimista y de alegre
corazón, que curaba en triste mal metafísico de los introvertidos con su
palabra cálida y retozona”.
NICOLÁS L. ROBBIO
La verdadera designación de esta arteria de la planta urbana de 9 de Julio,
es Nicolás L. Robbio y no Nicolás H. Robbio.
Nicolás Liberato Robbio, destacado líder conservador del antiguo Partido
Autonomista Nacional, había nacido en Buenos Aires, el 17 de agosto de 1846,
hijo de Nicolás Robbio y de Leonor Martínez.
Como su tío Juan Robbio, también dirigente político, poseía una fracción de
campo en el Partido de Bragado, le cupo a su padre la administración de
este, trasladándose a aquel distrito.
Mas tarde, promediando la década de 1870, el joven Nicolás L. Robbio, pasó a
formar parte del vecindario de 9 de Julio.
Contaba 28 años, cuando contrajo matrimonio –en segundas nupcias- con
Dolores Venegas, matrimonio del cual nacerá –entre otros hijos- Nicolás H.
Robbio, otro descollante hombre público.
Nicolás L. Robbio, tuvo una por demás destacada actuación social y política
en 9 de Julio. Pudo desempeñarse, en varios períodos, como: comandante
militar, juez de Paz, concejal y presidente del Concejo Deliberante,
presidente de la Municipalidad, intendente municipal, consejero escolar,
comisario de policía, senador y diputado ante la Legislatura provincial,
defensor de menores; además de ser distinguido, con diversos cargos, en la
dirigencia de su partido.
También, después de producirse la autonomía del Partido de Carlos Casares,
radicado allí, tuvo amplia como destacada actuación.
Falleció en Carlos Casares, a las 9 horas del 28 de octubre de 1914. Un día
más tarde, el Concejo Deliberante de 9 de Julio sancionó una ordenanza, por
la cual imponía su nombre a la entonces calle Córdoba.
TOMÁS COSENTINO
De nacionalidad italiana, Tomás Cosentino había nacido en 1874. Junto a su
madre, en 1888, inmigró a la República Argentina, radicándose primero en
Buenos Aires. Allí se empleó en un comercio, situado en la calle Entre Ríos,
por un suelto de 10 pesos. Más tarde, debió ingresar a trabajar a una obra
en construcción, como peón de albañil; donde al poco tiempo –demostrando su
talento- fue ascendido a oficial y luego a director de la obra.
En 1893, en compañía de algunos amigos, se trasladó a la localidad de French,
en el partido de 9 de Julio, donde arrendó una fracción de 160 hectáreas,
del campo de los hacendados Núñez Monasterio. Desde entonces, iniciará su
tarea de agricultor, la cual, después de luchas y dificultades, le permitirá
formar una sólida posición.
Como propietario de la red telefónica, contribuyó al progreso de la ciudad,
extendiéndola considerablemente, además de brindar un destacable servicio.
Además, desempeñará relevante accionar como: vice-cónsul de Italia en 9 de
Julio; presidente de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, desde 1917
hasta 1918, y desde 1928 hasta 1929; presidente de la Comisión Pro-Fomento
Edilicio de 9 de Julio, hacia 1926, donde trabajó para la construcción del
Parque y el embellecimiento urbano de la ciudad; miembro de la junta
directiva de la Sociedad Rural de 9 de Julio, entre otras.
Pero, su nombre habrá de ser recordado, como fundador y dinámico luchador en
el movimiento comunitario que dio origen a la Usina Eléctrica Popular.
Falleció en 9 de Julio, el 25 de julio de 1936. Su nombre, le fue impuesto a
la antigua avenida Río Uruguay.
Fuente: Museo y Archivo de 9 de Julio.
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